ELOGIO A UNA CREADORA VALIENTE
Imagino las sucias caras de todos tus admiradores de (...) y veo sus muecas de ironía resentida, de tembloroso cinismo narcisista, de acidez proterva y temerosa. Atrapados emocionalmente por sus desmedidos e ingenuos Yoes, se limitan a observar como consumidores pasivos tu reencuentro con la vida, con la creación, con la expresión, con la necesidad pura y sublime de dejar de mirar y pasar a la acción.
Con su amargura resentida no hacen más que confirmar su condición de marionetas atrapadas por un engañoso ideal de libertad, distraídos siempre entre banalidades insignificantes, emprendiendo una permanente y estéril búsqueda de algo más, impotentes, tratando de agarrar con las manos un deseo que nunca pueden colmar porque no es tal (es el vacío), inventando máscaras para ocultar su grotesca monstruosidad, flagelándose como vitalidades atontadas, autocastigándose como entidades semidepresivas, estrellándose contra su propia impotencia, ignorantes, autocompadeciéndose por medio de una romántica y absurda idealización de las pasiones tristes, podridos de seriedad, tuberculosos del arte, tumores de la creación, víctimas de la autosuficiencia, mediocridades profundamente insatisfechas, reos torturados por un Amo Inquisidor ante el que no pueden oponer resistencia, en una palabra, voluntades narcisistas e insolentes que se aborrecen a sí mismas y emprenden cada día una inútil huida hacia adelante, una fuga silenciosa pero desesperada para alejarse de sí --una fantasía impulsada por su angustiosa necesidad de salir de un castillo del que nadie puede escapar por sí mismo.
