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La Coctelera

PESTILENCIA COTIDIANA

10 Abril 2008

LOS NO-LUGARES

Con frecuencia creciente, pero muy especialmente en períodos vacacionales, podemos observar auténticas avalanchas de personas que deambulan apresuradas o perdidas, ignorándose unas a otras, en esos "no-lugares" que forman las terminales de los aeropuertos, los pasillos de avión, las estaciones de tren, los vestíbulos de las grandes cadenas hoteleras, los parques temáticos, los intercambiadores de metro, las agencias de alquiler de vehículos y toda la extensa malla de espacios que constituyen los circuitos turísticos.

Estos “no-lugares” son espacios fríos y despersonalizados, decorados vanguardistas pero sin estilo que encontramos en Madrid, Ámsterdam o Londres pero que también podríamos encontrar en Dubai, Tokio, Sao Paulo, Túnez o Damasco. En ellos se habla una lengua común: un sucedáneo del inglés que gira alrededor de la religión del libre mercado y de un mundo aparentemente sin fronteras. Allí el individuo aparece desintegrado entre la muchedumbre, distraído con experiencias fugaces y efímeras, desfigurado entre una masa acelerada y enérgica que necesita cambiar el decorado pero no su estilo de vida. En estos “no-lugares” se produce una repetición ritual y casi universal de actividades, expresiones y fórmulas de ocio que modulan la experiencia individual hasta convertirla en estandarizada, predecible y, en consecuencia, controlable. Así, el individuo contemporáneo desaprovecha su tiempo de ocio sometiéndose a una disciplina turística que, si bien no suele proporcionarle un gran placer, sí le permite tener la certeza de que está invirtiendo su tiempo libre de forma útil, provechosa y eficaz.

De esta manera, los “no-lugares” se han convertido en espejos que reflejan el fracaso de la experiencia social contemporánea. En ellos podemos observar, como a través de una lente de aumento, el estado de atomización, incomunicación y masificación que se ha impuesto en las grandes megalópolis contemporáneas, donde el Otro ya sólo puede ser percibido como una molesta realidad alienada y fantasmagórica que amenaza con interponerse en nuestro camino. Con otras palabras, los “no-lugares” nos permiten analizar una realidad sin precedente histórico: aquella que nos somete a un experiencia vertiginosa pero empobrecida, excitante y a la vez decepcionante, individualizada y estandarizada, donde el hombre dispone de una libertad infinita para elegir…, siempre y cuando elija la opción previamente diseñada por el mercado.

Tags: ensayo

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

lenguaviperina

lenguaviperina dijo

Los no-lugares son tantos, en el urbanita su soledad es compartida, en un chabolismo vertical, de 10 o 20 pisos...con alguien que vive encima tuya, a quien saludas por la mañana en el ascensor....y por la tarde saludas al de en frente, o al de abajo...si los saludas...

Es como hacer turismo via internet, o hablar con un contestador automatico...esto avanza...jejeje..dentro de poco tendremos gafas en tres dimensiones para sexo virtual, nuestro frigorifico hara la compra...y seremos felices comiendo galletitas vitaminadas...

El tu a tu...es pasado...ahora estamos en el tu a si quiere tal apriete el uno...para pascual el dos...

Hay muchos no-lugares...

Un saludo.

10 Abril 2008 | 11:57 AM

tumbaita

tumbaita dijo

Pues nunca lo había pensado, pero ahora leyendote he sentido lo mismo, cuando voy a la estación de tren a recoger a mi hija María que viene de Madrid, y camino por la sala de espera, repleta de gente, a menudo extranjera, con el color de la piel negra, o pálida marroquí, o polaca o de rumania. Piensas que no te vas a entender bien, que es gente con otras costumbres y otra cultura, y todo lo más le pides fuego a alguien que está sentao, o le dedicas una sonrisa amable a una negrita, que te estaba mirando. Luego sales al anden, allí estan los españoles, que se despiden de sus familiares o esperan que estos llegen de otras partes, y lo mismo. No conoces a nadie, cada uno es de su padre y de su madre. Con lo chica que es Almería, que casi todo el mundo se conocía, ahora nó. En esos sitios, cada uno a lo suyo, sin que importe mucho, reconocer a alguien que ha ido contigo a la escuela, y al que saludarias, si no vieras que a lo mejor le molesta tu camaradería. Porque lo moderno es no conocer a nadie, ser un autómata en todas partes. Nadie sabe a que se debe, aunque yo me huelo que hemos copiado de ingleses y americanos su alma fría. Viajamos por el mundo, en condición de ricos como ellos, y con su mismo desprecio. Porque el rico tiene eso, poco cerebro.

10 Abril 2008 | 12:03 PM

Crates

Crates dijo

Muchas gracias por vuestros comentarios. Evidentemente estoy de acuerdo con todo lo que habéis dicho.

Si acaso, me gustaría matizar que no me opongo a todo lo que significa la modernidad. No soy un romántico. No creo en el mito del buen salvaje. Me gustan las ciudades tranquilas y bien hechas. Me gusta la civilización. Soy racionalista. Si critico estos "no-lugares" y la actitud resentida-narcisista del individuo contemporáneo es precisamente porque no representan la civilización, sino la barbarie.

10 Abril 2008 | 05:51 PM

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