Ingenuo como pocos, he necesitado muchos accidentes, averías y apagones para comprender que los raíles por los que había conducido mi vida estaban construidos sobre una obsesión enfermiza por tenerlo todo atado y bien atado. No sólo quería predecir y controlar mis aficiones y mi futuro laboral, sino que además calculaba al milímetro mis emociones, mis relaciones con otras personas y mis propias ideas. Hasta hace poco no podía soportar que cualquier persona conocida pudiera llevarme a su terreno; me escandalizaba la posibilidad de que alguno de ellos pudiera dejar al descubierto mi inseguridad, mi vulnerabilidad, mis dudas. Si uno no se domina a sí mismo, ¿cómo puede aspirar a convencer a los otros? Me marqué un proyecto laboral de corte político porque estaba convencido de que el estado del mundo se podía alterar con las manos. Narcisista, ególatra y prepotente como pocos, consideré que mi paso por el mundo no podía limitarse a los placeres cotidianos, y mucho menos a algo tan obsceno como la vida familiar, el aprecio, la amistad y otras ordinarieces. El mundo merecía justicia y yo era la condición indispensable para hacerla aparecer. Cualquier distracción o deleite estético sólo podía asumirse con culpa.
confesión.
(Del lat. confessĭo, -ōnis).
1. f. Declaración que alguien hace de lo que sabe, espontáneamente o preguntado por otro.
2. f. Parte de la celebración del sacramento de la penitencia o reconciliación, en la que el penitente declara al confesor los pecados cometidos.
3. f. En el catolicismo, sacramento de la penitencia.
4. f. Credo religioso.
5. f. Conjunto de personas que lo profesan.
6. f. Der. Declaración personal del litigante o del reo ante el juez en el juicio.
7. f. pl. Relato que alguien hace de su propia vida para explicarla a los demás. Confesiones de San Agustín, de Rousseau.
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