Alguien dijo que la historia se repite. Un compañero de trabajo y yo coincidimos todos los días en el mismo vagón de la línea 9 de metro. Todos los días nos vemos allí, pero nunca nos saludamos. Yo hago que leo y él se hace el dormido (siempre consigue sentarse en el mismo banco). Cuando llegamos a nuestra parada, Pío XII, nos encontramos en las escaleras mecánicas y fingimos una estúpida cara de sorpresa: "Ey...". Entonces caminamos el uno al lado del otro hasta que llegamos a la oficina, a veces hablando del tiempo y otras comentando la actualidad deportiva o política (a cual menos interesante). Cuando llegamos al ascensor, él mira hacia el techo y con tono indiferente me anima a desayunar con él y con otros compañeros suyos —"a eso de las doce en punto", añade—. Tomo nota y con cara de sinceridad le digo que sí, que hoy me apetece desayunar con ellos. Entonces nos despedimos y nos deseamos "una buena jornada". Un poco más tarde, a eso de las once y media, subo a la cafetería para tomarme mi habitual capuchino. Y lo tomo tranquilo, con la seguridad de que él y sus amigos no aparecerán hasta las doce y media.


misántropo, pa.

(Del gr. μισνθρωπος).

1. m. y f. Persona que, por su humor tétrico, manifiesta aversión al trato humano.