Desde hace años me persigue una sensación un poco contradictoria. Por una parte siento que todo o casi todo me aburre mortalmente; por otra, tengo la impresión de que el tiempo transcurre demasiado deprisa. Mi incapacidad para disfrutar se vuelve aún más angustiosa cuando descubro que la aplastante rotundidad de la noche me impide cumplir mis propósitos. Los ojos deben cerrarse cuando aún quedan miles de canciones por saborear, montones de libros por leer y decenas de personas con las que hablar.

Con frecuencia pienso que podría vivir diez veces sin aburrirme un solo segundo: tal es la cantidad de cosas que me interesan. No siento, como otros, esa absurda y a veces histérica necesidad de matar el tiempo. Casi podría decir que no conozco el aburrimiento, si por ello entendemos el "no contar con algo que distraiga". Sin embargo, podría pasarme diez vidas protestando por mi sensación de aburrimiento, si por ello entendemos el "cansancio, fastidio, tedio, originados generalmente por disgustos o molestias".


aburrimiento.
(De aburrir).
1. m. Cansancio, fastidio, tedio, originados generalmente por disgustos o molestias, o por no contar con algo que distraiga y divierta.