LOS HIJOS BASTARDOS DE LA ILUSTRACIÓN

El discurso cargado de razón y moralismo puede convencer al 3% de la población. Me refiero a ese grupo minúsculo y menguante que tiene inquietudes sociales y no bosteza cuando toca hablar de déficit. Pero el último hombre es egótico, resentido, pasional. Y a una pasión sólo la puede vencer otra pasión más fuerte y contraria, no una idea verdadera.
El último hombre no quiere soñar. Alejado de cualquier ilusión utópica, busca adaptarse al terreno, por pantanoso que sea, con la garantía de que no será el perdedor. No busca salir de la pocilga: sólo quiere que los demás le acompañen en el fango.
Los hijos bastardos de la ilustración son racionales y sensatos cuando se esfuerzan por desenmascarar las mentiras de Matrix. Sin embargo, eso no les convierte en unos iluminados con capacidad para descubrir el camino hacia la Verdad. Proteger el Estado de bienestar es necesario, sin duda, pero la estrategia defensiva no ilusiona. Para movilizar hay que mostrar algo apasionante, nuevo, desconocido.
Los hijos bastardos de la ilustración sufren la ansiedad del paranoico que se siente perseguido. Cuanto más gritan, menos se les escucha. Su distancia con el último hombre es creciente. Su desilusión, inevitable. Juzgan a sus compañeros de pocilga como sujetos pasivos, superficiales y conformistas, sin darse cuenta de que la resignación nunca es una actitud inocente. Por el contrario, puede ser activa, consciente e incluso liberadora.
El último hombre cree y confía en el poder. Quizá se pueda llegar a sentir decepcionado en algún momento, pero, en todo caso, desconfía de la lógica mesiánica de los hijos bastardos de la ilustración. Se resigna a atravesar una etapa dura, pero soportable. Soportable porque el conformismo es más agradable que la rebelión.
La astucia de Matrix consiste en que sabe obtener una complicidad silenciosa con promesas de felicidad vacuas, efímeras, incluso absurdas, pero asombrosamente efectivas. El último hombre se deja embaucar con facilidad. Puede leer este texto desde una Blackberry irresistible. Este fin de semana pueden volar a Düsseldorf por 19 euros gracias a Ryanair -y, por supuesto, puede aprovechar la experiencia para provocar la envidia de sus compañeros de pocilga. Se emociona hablando de las marcas blancas de Mercadona. Le encanta comprar ropa barata en H&M. Puede soportar una jornada de trabajo interminable mientras mantenga su sueño de ser un escritor de novelas. La máquina que le vampiriza también le ofrece su alimento preferido.
¿Derechos sociales? Eso sólo le afecta de lunes a viernes. También le podría afectar en el momento de la jubilación. Pero ¿quién le puede privar de un viaje low cost este fin de semana? Y si uno se siente triste, o agotado, o adormecido, siempre tiene la posibilidad de incluir dos clases de yoga en la agenda, darse una paliza en el gimnasio (¡las endorfinas!), tomar píldoras de la felicidad o reírse de las derrotas del equipo de fútbol más odiado. Obedecer es liberador. La derrota es soportable si los demás también son derrotados. La razón no puede vencer a las pasiones tristes.







